jueves, 12 de noviembre de 2015

LA FAMILIA y LA IGLESIA


Jesús vivió en una Familia

Jesús fue un niño que recibió de sus padres amor y afecto y fue educado por ellos. 
El hecho de que dios quisiera, en Jesús, nacer en una familia humana y crecer en ella, ha hecho de la familia un lugar de dios y la ha convertido en prototipo de la comunidad solidaria. (86)

La Familia es una Iglesia domestica

Lo que la iglesia es en lo grande, es la familia en lo pequeño: una imagen del amor de dios en la comunión de las personas. Todo matrimonio se perfecciona en la apertura a otros, a los niños que son don de dios, en la acogida mutua, en la hospitalidad, en la disponibilidad para otros.
Nada en la iglesia primitiva fascinaba más a los hombres en el «nuevo camino» de los cristianos que las «iglesias domésticas». Con frecuencia alguien «creyó en el señor con toda su familia; también otros muchos corintios ... creían y se bautizaban» (Hch 18,8). 
En un mundo no creyente surgían islotes de fe vivida, lugares de oración, de compartir, de hospitalidad cordial. Roma, Corinto, Antioquía, las grandes ciudades de la antigüedad, quedaron pronto inundadas de iglesias domésticas como si fueran puntos de luz.      También hoy en día las familias, en las que Cristo se encuentra en su casa, son el gran fermento de renovación de nuestra sociedad. (271)

La Familia es una comunidad

Un hombre y una mujer unidos en matrimonio forman con sus hijos una familia. Dios quiere que del amor de los padres, en la medida de lo posible, procedan los hijos. 
Los hijos, que están confiados a la protección y cuidado de sus padres, tienen la misma dignidad que sus padres.

Dios mismo es comunidad en su interior. En el ámbito humano la familia es el prototipo de la comunidad. La familia es una escuela única de una vida plena de relaciones. Los niños no crecen en ningún otro lugar mejor que en una familia intacta, en la que se viven el afecto cordial, el respeto mutuo y la responsabilidad recíproca. finalmente en la familia también crece la fe; la familia, como dice la iglesia, es una iglesia en pequeño, una «iglesia doméstica», cuya irradiación debe invitar a otros a la comunión de la fe, la esperanza y la caridad.  (368)

La Familia y el Estado

El bienestar y el futuro de un estado dependen de que la unidad más pequeña que existe dentro de él, la familia, pueda vivir y desarrollarse. Ningún estado tiene derecho a inmiscuirse en la célula originaria de la sociedad, la familia, y negarle el derecho a la existencia. Ningún estado tiene derecho a definir la familia de forma diferente a la que corresponde a su misión creatural. Ningún estado tiene derecho a privar a la familia de sus derechos fundamentales, especialmente en el ámbito de la educación. Por el contrario, el estado tiene la obligación de apoyar de manera eficaz a las familias y protegerlas en lo tocante a sus necesidades materiales. (370)

La Familia y la Fe

Una familia cristiana debe ser una iglesia en pequeño. Todos los miembros cristianos de una familia están invitados a fortalecerse mutuamente en la fe y a aventajarse unos a otros en el celo por Dios. Deben rezar unos por otros y conjuntamente y realizar en común obras de amor al prójimo. Los padres responden con su fe por sus hijos, los llevan a bautizar y les sirven como modelos en la fe. Esto significa que los padres deben hacer todo lo posible para que los hijos experimenten que vivir en la presencia y cercanía de Dios es valioso y benéfico. ciertamente, en algún momento, los padres aprenderán de la fe de sus hijos y escucharán cómo dios habla por medio de ellos, porque con frecuencia la fe de las personas jóvenes se caracteriza por una mayor entrega y «porque muchas veces el señor revela al más joven lo que es mejor» (san Benito, regula, cap. 3,3). (373)

 El hombre no puede vivir sin relaciones. La relación más importante del hombre es la que tiene con dios. Tiene prioridad sobre todas las relaciones humanas, incluidas las familiares.
Los hijos no pertenecen a sus padres ni los padres a sus hijos. Toda persona pertenece directamente a dios. Sólo con dios existe un vínculo absoluto y perpetuo. Así se comprende la palabra de Jesús a quienes son llamados: «el que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (Mt 10,37). Por ello los padres deben poner a sus hijos en manos de dios, llenos de confianza. Cuando el señor los llame a una vida de entrega en una comunidad religiosa o como presbíteros. (374)

Los Hijos

Un matrimonio cristiano tiene tantos hijos como Dios le conceda y pueda asumir responsablemente. Todos los hijos que concede dios son una gracia y una gran bendición. Esto no quiere decir que una pareja cristiana no deba considerar cuántos hijos puede asumir responsablemente en su situación económica, social o de salud. En todo caso, cuando viene un hijo, este hijo debe ser acogido y aceptado con alegría, disponibilidad y con mucho amor. Basándose en la confianza en dios, muchos matrimonios cristianos experimentan el gozo de tener una familia numerosa. (419)

Jesús aprendió a orar en Familia

Jesús aprendió a orar en su familia y en la sinagoga. Pero Jesús superó los límites de la oración tradicional. Su oración mostraba una unión tal con el padre del cielo como sólo la puede tener quien es el «hijo de dios». Jesús, que era a la vez dios y hombre, se familiarizó, como los demás niños judíos de su tiempo, con los ritos y formas de oración de su pueblo, Israel. Pero como se manifestó en el episodio de Jesús a los doce años en el templo (Lc 2,41-55), había algo en él que no podía venir del aprendizaje: una unión original, honda y única con dios, su padre del cielo. Jesús, como todas las personas, esperaba el mundo nuevo y oraba a dios. Pero al mismo tiempo era también parte de ese otro mundo. Ya en esto se notaba: un día se rezaría a Jesús, se le reconocería como Dios y se le pediría su gracia. (474)


Fuente: Youcat (Catecismo para Jovenes)


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