lunes, 11 de mayo de 2015

CONOCIENDO A DON BOSCO (3) -San Juan Bosco y su opción por los jóvenes más pobres.



Por: Jonathan Plazas, SDB.

Los jóvenes son la porción más delicada y valiosa de la sociedad humana”
San Juan Bosco

El Espíritu Santo sopla donde quiere y como quiere. Suscita constantemente en la Iglesia a hombres y mujeres que deseen seguir llevando el mensaje del Evangelio de maneras distintas, pero siempre con el mismo objetivo: que el anuncio lleve a Jesús a entrar en esos lugares a donde se quiere llevar la Buena Nueva.

Siempre he pensado que el Espíritu no se cansa de soplar, de llevar a la Iglesia a nuevas fronteras, a adquirir nuevos desafíos, pues, el mundo de hoy es más astuto, más decidido, más deseoso de cambios, de novedades, de alegrías, de esperanzas… pero al mismo tiempo, desea quedarse anclado en ciertas situaciones que pueden hacer que el proceso de avance integral se trunque y no sea capaz de salir adelante. Para estas situaciones es que el Vivificador de la Iglesia suscita profetas, apóstoles decididos que, busquen responder a las situaciones, con aires nuevos, dejando de lado los escrúpulos y deseando que siempre se lleve adelante el plan de Dios para con los hombres.

Es por esto que Don Bosco, al leer los signos de los tiempos, interpretando el llamado que Dios le hace por medio de la oración, una lectura atenta de los signos de los tiempos, y dejándose ayudar de personas adecuadas para este proceso de discernimiento, asume el apostolado de ayudar a los jóvenes más pobres, por medio de la educación y el aprovechamiento del tiempo. Don Bosco va en busca de la dignidad de todos los chicos que en su tiempo fueron olvidados, rechazados, utilizados para dar impulso a la revolución industrial, que consumía la vida de aquellos pequeños en lugares fríos y hostiles. Don Bosco hace la opción por servir a Dios en medio de los jóvenes, porque sabe que en ellos, -como rezan tantas de sus máximas- son el futuro de las naciones.


Para nosotros los Salesianos, es importante tener en cuenta que, a partir de los grandes sucesos de la vida de Don Bosco, nos unimos en un solo sentimiento para clamar, como dice el artículo 1 de las Constituciones Salesianas[1]:

“Con sentimientos de humilde gratitud, creemos que la Sociedad de San Francisco de Sales no es sólo fruto de una idea humana, sino de la iniciativa de Dios. Para contribuir a la salvación de la juventud –la porción más delicada y valiosa de la sociedad humana-, el Espíritu Santo suscitó, con la intervención materna de María, a San Juan Bosco.”[2]

La voluntad de Dios es leída por Don Bosco y, a partir de ella, hace una opción radical por los jóvenes. El aporte que él da a la misión de la Iglesia y a la sociedad, es educar a los jóvenes con el estilo de Jesús Buen Pastor, que apacienta a las ovejas con amor, dulzura, constancia y sacrificio, buscando siempre el bien de los que le han sido confiados. Ese mismo legado lo seguimos sus hijos y toda la Familia espiritual, que ya conformamos treinta (30) grupos reconocidos oficialmente, que viven el carisma y la opción por los jóvenes, de una manera especial y con los rasgos del instituto o movimiento que desee continuar con el proyecto apostólico de Don Bosco.


Por esto, los Salesianos de Don Bosco no escatimamos esfuerzos para educar a los jóvenes en la fe, para la vida y en la vida con obras como parroquias, colegios, centros de atención a jóvenes en alto riesgo, escuelas de formación para el mundo del trabajo, casas de retiro y convivencias, casas de discernimiento vocacional y, les aseguro, que si se presentan más opciones a dónde podamos llegar a los jóvenes, con seguridad allá estaremos aportando a la hermosa labor de la Iglesia.

Nuestra opción es por los jóvenes, pues en ellos vemos el rostro de Dios que nos clama diariamente: ¡tengo hambre!, ¡tengo sed!, ¡estoy solo!, y es ahí, donde leemos todos los días que Dios nos llama en ellos, para servirlos y ver en ellos el sentido de nuestra vida, a la luz de Dios.



[1] Dícese de las “Constituciones” a los lineamientos de vida que se dan en cada Congregación o Instituto de Vida Consagrada, para ser vividos por los que profesan los consejos evangélicos, dentro de determinado instituto, con determinadas características, una de las más fuertes es la vivencia del carisma dentro de la Iglesia.
[2] Salesianos de Don Bosco. Constituciones y reglamentos de la Sociedad de San Francisco de Sales. Editorial CCS, Madrid, 1985.


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